Inseminación artificial es todo aquel método de reproducción asistida que consiste en el depósito de espermatozoides de manera no natural en la mujer o hembra mediante instrumental especializado y utilizando técnicas que reemplazan a la copulación, ya sea en óvulos (intrafolicular), en el útero, en el cérvix o en las trompas de Falopio. Con el fin de conseguir un embarazo.
los sumerios además de inventar la escritura, registraron por primera
vez una técnica, muy artesanal por lo demás, de inseminación artificial
en ovinos, la misma que se utilizó posteriormente en equinos.
Pese a la creencia de que la inseminación artificial es una
tecnología moderna, los primeros intentos de llevarla a cabo se
remontan al siglo XV: se cree [cita requerida] que la inseminación artificial fue intentada por Juana, esposa del Rey Enrique IV de Castilla (conocido como "el impotente"). En 1677 el científico holandés Leeuwenhoek observó espermatozoides gracias a los microscopios que había construido. Más de 100 años después, el sacerdote y fisiólogo italiano Lazzaro Spallanzani demostró que debía existir contacto físico entre el huevo
y el esperma para que se desarrollara un embrión. Hasta ese momento se
creía que el embrión era "producto de la semilla masculina, nutrido en
el suelo de la mujer". Spallanzani realizó experimentos exitosos de
inseminación artificial en peces y anfibios.
En 1784 realizó la primera inseminación artificial de una perra, lo que
derivó en el nacimiento de tres cachorros totalmente sanos 62 días más
tarde.
En 1790 el cirujano escocés John Hunter
recogió en una jeringa caliente el semen de un comerciante con
hipospadia y lo inyectó en la vagina de su mujer, realizando la primera
inseminación artificial en un ser humano en la historia.[1] La idea de conservar el semen masculino se remonta a 1866 cuando Mantegazza Paolo Mantegazza
creó en Pavía un banco de esperma veterinario. Los esfuerzos para
desarrollar técnicas modernas de inseminación artificial comenzaron en Rusia en 1899. Se tiene constancia {Ivanoff, 1922} de la inseminación artificial de un caballo realizada con éxito en 1922.
Hacia el año 1950, la inseminación artificial se convirtió en una
industria establecida: en 1949 aparecieron métodos de congelación y
descongelación del esperma y en 1950 surge la idea de añadir
antibióticos al semen para prevenir enfermedades venéreas.
Posteriormente, en los años 70 y 80 se desarrollaron métodos eficaces de recolección de semen.
El semen bovino congelado en nitrógeno líquido (-196 °C) ha
permitido su almacenamiento por largos períodos (el más antiguo desde
1952 a la fecha) sin que se produzca un deterioro en la fertilidad del
mismo. Gracias a ello el semen (y la genética en él contenida) se
conserva, se transporta y se utiliza en muy diversos ambientes.

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